jueves, mayo 14, 2009

La madre de todas las batallas

Ya lo dijo en su día el inimitable Grocho Marx “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. Esta claro que la calidad de la clase política, salvo contadas excepciones, siempre ha dejado bastante que desear, pero hay que reconocer también, que a veces dejan “perlas” dignas de ser empleadas para otros usos que no son la política.
Y es que, aunque parezca mentira, cada vez que oigo aquello de “pero por qué no te callas” me acuerdo de los lloriqueos de Marcelino con los árbitros.. si ya se lo dijo a Boabdil, su madre, ante la pérdida de Granada :”llora como mujer, lo que no sabes defender como hombre”, con todo parece que está saliendo hasta bien la jugada al mozo.
Y ya hablando del Hércules, “manda huevos” que con el campañón que está haciendo, todavía haya gente que no esté satisfecha con el equipo; vamos a ver, está claro que ahora están más densos que a principio de temporada, pero los partidos no pasan en balde y la plantilla es bastante justa, aún así son capaces de estar a un punto de la cabeza. La victoria en Eibar fue trabajada, como todos los partidos en Ipurúa, sin posibilidad de lucimiento alguno, y es que si no se puede jugar bien; hay que ir a lo práctico, con todo, el Hércules no renunció a ir a por el segundo...es que lo queremos todo, que subir a primera, no se sube en “dos tardes
El próximo sábado se va a librar, con el permiso de Sadam Hussein “la madre de todas las batallas” contra el Tenerife, partido absolutamente trascendental porque una victoria tendría una doble lectura: por un lado permitiría recortar puntos con un rival directo, al que hay que meter en el embolao a toda costa; y por otro, permitiría mantener la distancia con el Zaragoza en caso de que éste último también ganara, así que como “más vale morir de pie, que vivir de rodillas” el Hércules tendrá que poner toda la carne en el asador, aunque ello suponga asumir riesgos en defensa.
Así las cosas, y pese a las dificultades, el “Yes we can” debe ser ahora mismo, y sin ninguna reserva, el grito de guerra del herculanismo .

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