sábado, julio 22, 2017

Fútbol y empresa (la versión de la escritora)



Hace cuatro exactamente, escribí este artículo para la extinta “Puerta Cero” . A 21 de julio de 2017, vuelve a estar de “rabiosa” (y lo de “rabiosa”, no es casual) actualidad, a raíz de la presentación de la Campaña de Abonos, en la que se ha “colado”, un protagonista inesperado, a la falta de novedades en lo que a los precios se refiere, respecto del año pasado. Se trata de una especie de escudo, que se quiere hacer pasar por conmemorativo  (aún no sé de qué, pues faltan cinco años para ecentenario, y ya nos está costando cumplir este), que luce a caballo entre el escudo del Capitán América, y el pecho de Mazinger Z, y que muchos nos tememos que esconde alguna intención oculta, teniendo en cuenta que el club, ya ha intentado en alguna ocasión, borrar las señas de identidad del propio club, como cuando intentaron colarnos el pantalón blanco, por no hablar del escudo futbolamericanizado (como es propio en los amantes de las cheerleaders) “no nato” , que frenó la presión popular, allá cuando corría el año 2000 .

            Es inevitable, que con el paso del tiempo, los clubes, busquen actualizar su imagen. El propio Hércules, ha sufrido variaciones en su escudo, y la más fuerte de ellas fue, sin duda, cuando asumió los colores y escudo del extinto Club Natación. A partir de ahí, ha sufrido, a veces con más acierto, que en otras, lo que hoy, muy americanizados nosotros, llamamos un  “Restyling” . No soy especialista en marketing, vaya por delante, pero para mí hay lo que yo llamaría un “restyling amable”, que respetaría las líneas básicas de lo que es el boceto, en este caso del escudo, y en este caso, por poner un ejemplo moderno , estaría el Bayern de Münich, o incluso, aunque a mí no me guste, el propio Atlético de Madrid; y lo que yo llamo un “Restyling agresivo”, que ni tan siquiera sería Restyling, porque se carga el boceto original, y crea una “cosa nueva”, que no tiene nada que ver con lo anterior, como pudiera ser el escudo de la Juventus, que parece más un anuncio de una conocida marca de zapatillas líder en los 80, que algo que pueda identificar a ese equipo.
           
            Y ahora paso a transcribir, el artículo escrito hace cuatro años, del que no cambiaría ni una coma, porque si hay algo que  tengo claro, es que con las señas de identidad de un equipo no se juega. 

            “Hay que ver cómo es esto de Internet, que hasta un berenjenal de los típicos en que, de vez en cuando, todos los que frecuentamos este medio, nos hemos visto metidos, muy bien sin saber cómo, es capaz de inspirar un artículo, que reconozco escribo desde el total desconocimiento del marketing, pero desde el total conocimiento del consumidor, y del amor a unos colores.
          
    La discusión, comienza cuando alguien pone en un muro un escudo del Hércules, a lo que un ávido directivo de una empresa de comunicación, no diré cuál, pues tampoco es mi intención causarle daño, en busca de negocio responde con un ofrecimiento a hacer un “restyling” (o como se escriba) del mismo, que asocie el escudo con la ciudad, poniendo como ejemplo, al Paris –Sant Germain.  Saltan las alarmas, pues eso sólo puede suponer tres cosas: 1) Poner “Hércules de Alicante” en el escudo, como si fuera el letrero de la Metro Goldwyn Mayer; 2) Volver a las ignominiosas “HDA” en la parte inferior del escudo o 3) Sustituir al popularmente conocido “Negre Yoma”, por la fuente de los Luceros, la Cara del Moro, o cualquier otra cosa que se le ocurra al creativo de turno, y mi respuesta, temiéndome lo peor, se resume en un: “El escudo, ni tocarlo” (que bastante se ha tocado ya, y no siempre para bien). Se le explican los motivos, que el Paris-Saint Germain no es un buen ejemplo, que los seguidores no están contentos, y se le incide, tanto por mi parte, como por parte de otros intervinientes en la conversación,  que el restyling, (o como se escriba) en todo caso, debería hacerse para devolver al escudo a su Status Quo anterior, y que debe hacerse desde el total conocimiento del terreno que pisa, ya que un club de fútbol, no es una empresa al uso, sino una empresa donde el componente afectivo, y apego a las tradiciones, resulta fundamental. El caballero en cuestión, se ofende, es un dios del marketing, y no permite que ningún profano en la materia le dé lecciones, a pesar de que a él en realidad, y así lo reconoce,  no le gusta el fútbol, y no entiende de él, pero por supuesto, los que no aceptamos que se toque el escudo, somos unos retrógrados, fanáticos y calienta sillas vociferantes.
           
     Ya tras esta larga introducción, ahora viene el verdadero “quid” del artículo ¿es un Club de fútbol una empresa cualquiera?  A la vista salta que no. Como he dicho anteriormente, un club de fútbol efectivamente es una empresa, pero una empresa donde el componente afectivo es fundamental. Un abonado ( o un consumidor, en general), no es un autómata que se deja seducir por las estrategias del marketing , o que acudirá al estadio porque la entidad tenga un escudo (reducido a la categoría de logo, por el sujeto) más bonito, o más feo. Un abonado, en la mayoría de los casos, se hace socio de la entidad, porque antes fueron socios sus padres, sus abuelos, y/o ha vivido buenas experiencias dentro del estadio, que ha decidido seguir experimentando; en el caso particular del Hércules, incluso sin vivir buenas experiencias en los últimos tiempos,  la gente se continúa abonando, precisamente, porque lo considera algo suyo, un sentido de propiedad, que el sujeto en cuestión niega que exista.
            
    Para un aficionado al fútbol, hay tres Sacta Santorum que deben ser respetados:
1.- El Himno, 2.- El escudo, y 3.- La indumentaria principal, cualquier modificación inadecuada, puede ser fatal para el fin que se pretenda con ella, muchas veces comercial,  y ello por una cuestión muy sencilla, y es que no son una imagen corporativa cualquiera, sino que va ligado a un sentimiento de afectividad difícil de explicar en un mundo tan calculado, como parece ser el del marketing. El mundo del fútbol está lleno de ejemplos. Desde las polémicas, con diversos escudos como Paris Saint Germain, ya que el sujeto propone ese ejemplo, pasando por las 20.000 firmas recogidas por los seguidores del Everton para evitar la remodelación suyo; pasando por la polémica en la indumentaria del FC Barcelona, cuando Kappa introdujo su logotipo en la camiseta, el cual formaba la que parecía ser una banda blanca a la altura de las mangas; o las surgidas en el propio Hércules, cuando llegó a perder miles de euros por elegir un pantalón blanco para el primer equipo, que luego hubo de retirar por motivos obvios; o cuando en la camiseta de hace dos temporadas, se vio aumentado el número de rayas; o la propia temporada pasada, con algo que algunos considerarían tan nimio como tener la raya blanca en el centro o el tono del azul que debe imperar en la misma.


            Como he dicho al principio de este artículo no, no soy experta en marketing, pero sí sé reconocer particularidades en las cosas, y un Club de Fútbol sí es una empresa, y debe ganar dinero; pero no, no es una empresa cualquiera, y su imagen debe ser llevada por personas que comprendan su especialidad, y tengan la sensibilidad necesaria para entender ese componente afectivo que la rodea, y saber adaptarlo, desde el respeto, a los nuevos tiempos. Macho Hércules “ .

 De momento la “cosa nueva” del Hércules, se vende como coexistente con el escudo de toda la vida, pero no pasa inadvertido a nadie, que la imagen del verdadero escudo del equipo, ya ha desaparecido en la impresión del abono de este año, y amenaza con ocupar su lugar.Macho Hércules 

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