lunes, diciembre 12, 2016

La flor, el miedo y el gol

El fútbol, aparte de historias que algunos se montan, no deja de ser un juego en el que un equipo de once jugadores pugna contra otro. El objetivo que tienen es lograr que un balón esférico entre dentro de las redes de una portería defendida por un componente del otro rival. Algo sencillo que, con el tiempo, fue objeto de grandes evoluciones tácticas. Cuán lejos quedan aquellas disposiciones 2-3-5 y como se han derivado, incluso en 5-3-2. Con todo, sumando estudios tácticos, jugadas estratégicas pensadas de defensa y ataque, sigue siendo un juego en el que, a veces, el clásico modo de revertir crisis es intentar hacer un fútbol más sencillo para que los jugadores vayan poco a poco recuperando confianzas(de hecho, algunos de esos equipos buscan mantener la portería a cero para ir creciendo de atrás a adelante).

Hay muchos modos de jugar al fútbol, más allá del "tiqui-taca" que algunos periodistas ensalzan, en el que cada entrenador busca encontrar los mejores jugadores para un rival determinado. Es más, hay equipos que juegan en función del rival(y no sería delito como algunos quieren hacer ver) y otros que buscan jugar con un once muy claro y repetido para lograr que los "automatismos" lleguen antes. En ese tema, soy más partidario de plantillas de 20-25 jugadores usados y con rotaciones. Quizás, porque el recuerdo de "jugar con doce-trece jugadores" fue aquel Real Madrid de Carlos Queiroz(2003/04) y que llevó al equipo madrileño a estar fundido en abril. Además, porque creo que un entrenador, además de conocedor de técnicas, debe ser capaz de liderar a una plantilla en la que los descontentos sean menos, que cada jugador sepa que tendrá minutos.

Llegamos a la flor, cuando el equipo empieza a obtener más resultados que juego desplegado. Una flor que se tiene que regar con fundamentos técnicos porque, lo normal, será que acabe marchitándose...por saturación. La suerte es algo que va y viene, lo que más se acaba equilibrando a lo largo de un año. La suerte se puede transformar en un penalty fallado, en un lance de un rival que se acaba estampando en el larguero pero que, con el tiempo, se revierta. Ahí será necesario que el equipo ya haya mostrado un nivel que permita superar con clase la falta de suerte. A estas alturas, no vamos a negar que el exceso de suerte ante CD Tudelano y CD Toledo se revertió dramáticamente en la última eliminatoria(esos cinco minutos iniciales con fallos de mala suerte). Ahora tenemos en los medios de comunicación la famosa "flor de Zidane"...y vamos al miedo.

Si hace un par de años se ensalzó al Atlético de Madrid y esas jugadas a balón parado que dieron tantos puntos el año de la Liga en 2014, ahora sería justo hacer igual con los goles de Sergio Ramos las dos últimas jornadas. Más allá de la manida flor, se llevó a cabo a través del balón parado. En ese tiempo y, en la actualidad, logra generar un estado de alerta en los defensas pero que, en vez de mejorar su rendimiento defensivo, logra que haya cierto zozobra cada vez que llega, además, esos minutos decisivos. En sí, el balón parado genera el citado sentimiento en los defensas pero, también, de extrema confianza en el que lo lleva a cabo porque sabe que esas acciones no sólo son beneficiosas, es que se ejecutan bien.

Aunque el objetivo del fútbol a corto plazo es ganar "batallas"(partidos), a medio plazo es lograr ganar la guerra(títulos, ascensos, permanencias milagrosas) y ahí es necesario tener algo más que suerte...y malo que ese sea el único argumento.


Apunte El sorteo de la Champions League aportó el típico tema de discusión sobre qué equipo es más beneficiado en estos eventos. En sí, muy parejo resultó para los cuatro equipos españoles: Leicester jugará en Sevilla, Nápoles lo hará en el Santiago Bernabeu mientras que el Atlético de Madrid acudirá a jugar ante el Bayer Leverkussen mientras que el FC Barcelona irá a disputar la eliminatoria con el Paris Saint Germain. Dentro de dos meses se verá qué puestos ocupan en sus ligas.

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